sábado, 23 de junio de 2012

De regreso al futuro



Enrique Peña es la opción menos mala. Pero aún debe mostrar que es una fuerza para la reforma.

Del artículo “Back to the Future” de The Economist publicado el 23 de Junio del 2012. Traducción por @pistolamendoza y @gabysun


Hace sólo 12 años los votantes mexicanos expulsaron al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que había gobernado durante siete décadas a través de una mezcla de consentimiento, la cooptación, la corrupción y la coerción. Vicente Fox, un ex vendedor de Coca-Cola, que derrotó al PRI, trajo grandes esperanzas de que su país haría realidad la promesa económica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, con una correspondiente democracia vibrante. Sin embargo, a menos que las encuestas de opinión estén tremendamente equivocadas, los mexicanos están a punto de votar nuevamente por el PRI con Enrique Peña Nieto. Con 45 años, el telegénico Sr. Peña retrata una imagen aparentemente fresca, con su equipo de brillantes tecnócratas egresados de las mejores universidades del mundo. Sin embargo, él es un descendiente de la más retrógrada maquinaria política del PRI. Sus aliados incluyen a varios caudillos anticuados y sus opositores dicen (aunque él lo niega) que se ha involucrado en prácticas anticuadas, tales como la compra de la cobertura televisiva a su favor.

¿Por qué México está a punto de dar este paso, aparentemente, hacia atrás? La respuesta comienza con las decepciones de los últimos doce años en el poder del conservador Partido Acción Nacional (PAN), primero bajo el señor Fox y después Felipe Calderón. Golpeados por la competencia china y luego por la recesión estadounidense, la economía creció a una tasa promedio anual de apenas el 1,8% entre el 2000 y 2011. La pobreza se ha acentuado y los problemas de la economía mundial tampoco ayudaron. A falta de la mayoría en el Congreso y la poca habilidad para negociar, el Presidente no logró gestionar las reformas estructurales, dejando más o menos intacto el legado del PRI en relación a los monopolios públicos y privados que ahogan la economía y el sistema educativo. El Sr. Calderón optó por hacer de la seguridad y la lucha contra las poderosas mafias de las drogas la pieza central de su presidencia. Con 60,000 muertos, los mexicanos están cansados de una "guerra contra las drogas" que en un principio apoyaron.

Sin embargo, lo sucedido en los últimos doce años no es tan malo como parece. La bien administrada economía ha logrado recuperarse de la crisis. La manufactura de exportación es competitiva. Ciertamente México ahora se ve como una mejor opción que Brasil debido a su rápido crecimiento económico. Hay señales de que la violencia puede estar empezando a disminuir. Los mexicanos disfrutan de mayor libertad política y una sociedad con una clase media más notoria. Sin embargo, si los votantes optan por el PRI, es también porque las alternativas son débiles.

Este año debió haber sido el turno de la izquierda. Si su candidato hubiera sido Marcelo Ebrard, un moderno socialdemócrata y gobernador de la Ciudad de México, The Economist lo hubiera respaldado. En cambio, la izquierda está una vez más representada por Andrés Manuel López Obrador, cuya imagen mesiánica y comportamiento vergonzoso, después de que perdió por estrecho margen en el 2006 y declaró la guerra a las instituciones democráticas del país, lo incapacitó para dirigir a México. El PAN Josefina Vázquez Mota, es digna, pero se ha tenido una campaña caótica.

Hasta cierto punto, es entonces el Sr. Peña,  quien gana por omisión, pero también hay razones positivas para apoyarlo. Él promete algunas reformas, como abrir una brecha al monopolio energético de Pemex mediante la apertura de petroquímicas, refinadoras y algunas áreas de la industria petrolera a la inversión privada. Él reduciría la dependencia del estado de los ingresos del petróleo aboliendo las exenciones fiscales. En materia de seguridad, quiere una policía federal más robusta, respaldada por una nueva gendarmería rural. Él se centrará en la reducción de la violencia, el secuestro y la extorsión, en lugar de acabar con el tráfico de drogas (una tarea imposible que debería dejar en manos de Estado Unidos, quien compra la mercancía). Cuando los aliados del PRI han sido acusados ​​de corrupción, el señor Peña los ha dejado libres.

Amenazas, garantías y democracia

Esa es la promesa. El temor es que los instintos fundamentales del PRI siguen siendo los mismos: evitar la apertura a favor de la manipulación de los medios de comunicación, confundir los intereses públicos y privados para proteger a los jefes sindicales corruptos. Los opositores temen una "restauración" del antiguo régimen. Una defensa a favor sería que al PRI se le negara la mayoría en el Congreso y tuviera que negociar con el PAN. Otra es que, por fortuna, México ha cambiado mucho en el último cuarto de siglo desde que el monopolio del PRI en el poder comenzó a resquebrajarse. La democracia ha nutrido algunas instituciones independientes, como la Suprema Corte, el Congreso, el banco central, y los medios impresos y el internet. Y al adaptarse a la globalización, México se ha abierto al escrutinio extranjero.

Todo esto significa que si el señor Peña intentara la restauración del antiguo régimen, enfrentaría resistencia. Sería lo mejor para él, así como para México, si es que aprovecha la oportunidad no sólo para llevar la reforma económica, sino para dejar descansar a los fantasmas del PRI, ofreciéndole a su país un gobierno limpio y responsable.


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Liga original: http://www.economist.com/node/21557332?frsc=dg|a

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