domingo, 24 de junio de 2012

Voto razonado

Tomado del artículo “Voto razonado” de Reforma publicado el 24 de Junio del 2012, por Gabriel Zaid.



Vicente Fox no fue el candidato presidencial del entonces jefe del PAN, Felipe Calderón. Seis años después, Calderón no fue el candidato del presidente Fox. Ni ahora Josefina Vázquez Mota es la candidata del presidente Calderón. Y, sin embargo, el PAN logró procesar sus diferendos. Es lo más parecido que tenemos a un partido moderno.

En cambio, en la tradición arcaica del PRI, el que se movía "no salía en la foto"; y los diferendos frente a la voluntad de arriba terminaban mal. El presidente De la Madrid impuso al candidato Salinas de Gortari, a costa de la ruptura que llevó a muchos cuadros a poner casa aparte en el Partido de la Revolución Democrática. A su vez, el presidente Salinas impuso al candidato Colosio, a costa de que lo mataran; y al candidato Zedillo, a costa de que, al llegar a presidente, se hablara de obligarlo a renunciar.

En el PRD, el caudillismo ha sido permanente, más que sexenal, en las distintas tribus y en la coalición, dominada primero por Cuauhtémoc Cárdenas y luego por el protegido que lo destronó: Andrés Manuel López Obrador. Marcelo Ebrard, a su vez protegido de López Obrador, no quiso o no pudo hacer lo mismo para imponerse como candidato presidencial. Ha sido lamentable para la alternancia democrática, porque pudo haber llegado a presidente; y lo deseable para el país no es la recaída en el PRI, ni la permanencia indefinida del PAN, sino la alternancia entre un partido de derecha moderada y un partido de izquierda moderada.

Al Gore hubiera sido un mejor presidente de Estados Unidos que Bush, y estuvo a punto de serlo en las elecciones del 2000. Hasta se habló de irregularidades (en Florida, donde gobernaba otro Bush) que "le robaron" la presidencia. Pero Gore se negó a que el país pagara el costo de prolongar la incertidumbre, y aceptó su derrota. En cambio, López Obrador no aceptó su derrota en 2006, y decidió que la incertidumbre, los bloqueos de calles y cualquier costo semejante para el país se justificaban, porque lo importante era impedir la presidencia de Calderón; o, cuando menos, ensuciarla y estorbarla, ya que el "presidente legítimo" era él. Ahora que vuelve a ser candidato a la presidencia y parece haber cambiado de actitud, no ha logrado borrar la desconfianza de millones de votantes.

El PAN ha sido un buen partido fuera del poder: mucho mejor que en el poder. Tenía la imagen del niño bueno pero inepto para la acción práctica, y ha resultado más práctico de lo que se esperaba, pero no tan niño bueno. No tenía, ni tiene, suficientes cuadros competentes y decentes para gobernar; lo cual hubiera sido secundario, de tener mano dura contra la corrupción, empezando por la de su propia gente en el poder. Pero no se ha distinguido por eso (que era su ventaja competitiva), frente a los demás partidos. Se ha ganado unas vacaciones fuera del poder, y más aún al presentar candidatos impresentables como Fernando Larrazabal. El PRD no se queda atrás, cobijando a Dolores Padierna, Martín Esparza y Manuel Bartlett. Ni el Verde ni el Panal, donde Elba Esther Gordillo se cobija a sí misma con un candidato presentable.

Se comprende el pesimismo de los que sienten (como en el antiguo régimen) que no estamos preparados para la democracia; y que es mejor la presidencia absoluta. Pero no hay que ser tan pesimistas, ni olvidar las barbaridades de la presidencia absoluta. La democracia se hace lentamente y desde abajo, fuera de los partidos y fuera del Estado, construyendo una vida pública más autónoma y, en particular, organismos ciudadanos que obliguen a funcionar debidamente esta y aquella ventanilla, por lo pronto. La sociedad mexicana avanza desde hace décadas, y ahora lleva a rastras una clase política que estrena su libertad del yugo presidencial, la disfruta ampliamente y busca su interés antes que el interés público.

Hay que confiar en el avance social, más que en los partidos. Son poco respetables. Pero, como dicen los rancheros: "Con esos bueyes hay que arar". El voto en blanco es una tentación legítima, pero no es una buena idea. Lo razonable es votar por los que estorben menos el desarrollo de la autonomía social. Esto descarta al PRI, con alguna rara excepción local donde el candidato haga la diferencia; y descarta al Panal, cuya mandamás tiene secuestrada la educación pública.

Tanto en el PAN como en el PRD hay buenos o aceptables candidatos. Para la jefatura del Distrito Federal, el candidato del PRD parece preferible a la candidata del PAN. Para la presidencia de la república es al revés. Josefina Vázquez Mota (a diferencia de Peña Nieto y López Obrador) no tiene recursos para intentar la restauración del presidencialismo, pero sí los tiene para enfrentarse al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y remediar el desastre educativo.

Las grandes centrales sindicales son reliquias de la presidencia absoluta, y pueden ser cimientos de su restauración. Tarde o temprano, la sociedad mexicana acabará domando esos dinosaurios que sofocan el desarrollo del país. Pero con los otros candidatos será más tarde que temprano.

sábado, 23 de junio de 2012

De regreso al futuro



Enrique Peña es la opción menos mala. Pero aún debe mostrar que es una fuerza para la reforma.

Del artículo “Back to the Future” de The Economist publicado el 23 de Junio del 2012. Traducción por @pistolamendoza y @gabysun


Hace sólo 12 años los votantes mexicanos expulsaron al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que había gobernado durante siete décadas a través de una mezcla de consentimiento, la cooptación, la corrupción y la coerción. Vicente Fox, un ex vendedor de Coca-Cola, que derrotó al PRI, trajo grandes esperanzas de que su país haría realidad la promesa económica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, con una correspondiente democracia vibrante. Sin embargo, a menos que las encuestas de opinión estén tremendamente equivocadas, los mexicanos están a punto de votar nuevamente por el PRI con Enrique Peña Nieto. Con 45 años, el telegénico Sr. Peña retrata una imagen aparentemente fresca, con su equipo de brillantes tecnócratas egresados de las mejores universidades del mundo. Sin embargo, él es un descendiente de la más retrógrada maquinaria política del PRI. Sus aliados incluyen a varios caudillos anticuados y sus opositores dicen (aunque él lo niega) que se ha involucrado en prácticas anticuadas, tales como la compra de la cobertura televisiva a su favor.

¿Por qué México está a punto de dar este paso, aparentemente, hacia atrás? La respuesta comienza con las decepciones de los últimos doce años en el poder del conservador Partido Acción Nacional (PAN), primero bajo el señor Fox y después Felipe Calderón. Golpeados por la competencia china y luego por la recesión estadounidense, la economía creció a una tasa promedio anual de apenas el 1,8% entre el 2000 y 2011. La pobreza se ha acentuado y los problemas de la economía mundial tampoco ayudaron. A falta de la mayoría en el Congreso y la poca habilidad para negociar, el Presidente no logró gestionar las reformas estructurales, dejando más o menos intacto el legado del PRI en relación a los monopolios públicos y privados que ahogan la economía y el sistema educativo. El Sr. Calderón optó por hacer de la seguridad y la lucha contra las poderosas mafias de las drogas la pieza central de su presidencia. Con 60,000 muertos, los mexicanos están cansados de una "guerra contra las drogas" que en un principio apoyaron.

Sin embargo, lo sucedido en los últimos doce años no es tan malo como parece. La bien administrada economía ha logrado recuperarse de la crisis. La manufactura de exportación es competitiva. Ciertamente México ahora se ve como una mejor opción que Brasil debido a su rápido crecimiento económico. Hay señales de que la violencia puede estar empezando a disminuir. Los mexicanos disfrutan de mayor libertad política y una sociedad con una clase media más notoria. Sin embargo, si los votantes optan por el PRI, es también porque las alternativas son débiles.

Este año debió haber sido el turno de la izquierda. Si su candidato hubiera sido Marcelo Ebrard, un moderno socialdemócrata y gobernador de la Ciudad de México, The Economist lo hubiera respaldado. En cambio, la izquierda está una vez más representada por Andrés Manuel López Obrador, cuya imagen mesiánica y comportamiento vergonzoso, después de que perdió por estrecho margen en el 2006 y declaró la guerra a las instituciones democráticas del país, lo incapacitó para dirigir a México. El PAN Josefina Vázquez Mota, es digna, pero se ha tenido una campaña caótica.

Hasta cierto punto, es entonces el Sr. Peña,  quien gana por omisión, pero también hay razones positivas para apoyarlo. Él promete algunas reformas, como abrir una brecha al monopolio energético de Pemex mediante la apertura de petroquímicas, refinadoras y algunas áreas de la industria petrolera a la inversión privada. Él reduciría la dependencia del estado de los ingresos del petróleo aboliendo las exenciones fiscales. En materia de seguridad, quiere una policía federal más robusta, respaldada por una nueva gendarmería rural. Él se centrará en la reducción de la violencia, el secuestro y la extorsión, en lugar de acabar con el tráfico de drogas (una tarea imposible que debería dejar en manos de Estado Unidos, quien compra la mercancía). Cuando los aliados del PRI han sido acusados ​​de corrupción, el señor Peña los ha dejado libres.

Amenazas, garantías y democracia

Esa es la promesa. El temor es que los instintos fundamentales del PRI siguen siendo los mismos: evitar la apertura a favor de la manipulación de los medios de comunicación, confundir los intereses públicos y privados para proteger a los jefes sindicales corruptos. Los opositores temen una "restauración" del antiguo régimen. Una defensa a favor sería que al PRI se le negara la mayoría en el Congreso y tuviera que negociar con el PAN. Otra es que, por fortuna, México ha cambiado mucho en el último cuarto de siglo desde que el monopolio del PRI en el poder comenzó a resquebrajarse. La democracia ha nutrido algunas instituciones independientes, como la Suprema Corte, el Congreso, el banco central, y los medios impresos y el internet. Y al adaptarse a la globalización, México se ha abierto al escrutinio extranjero.

Todo esto significa que si el señor Peña intentara la restauración del antiguo régimen, enfrentaría resistencia. Sería lo mejor para él, así como para México, si es que aprovecha la oportunidad no sólo para llevar la reforma económica, sino para dejar descansar a los fantasmas del PRI, ofreciéndole a su país un gobierno limpio y responsable.


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Liga original: http://www.economist.com/node/21557332?frsc=dg|a